Un martes de semana santa, sentada en la sala de mi casa (departamento), con 2 ramos de flores enormes y coloridos en el comedor y en la sala, dos ramos que no vienen de ningún pretendiente o novio, sino de mis amigos, mi familia, la tribu que construí sin saber cómo.
Con la tele que soñé comprarme hace 9 años, una que se
convierte en cuadro cuando esta apagada y me permite tener en mi sala toda una galería
de arte sin tener que gastar tanto, sin decidir cuál es mi obra favorita y poder
seguir aprendiendo de arte.
Y lo mejor, gracias a la pandemia las filarmónicas del mundo
tienen conciertos grabados que se transmitieron en vivo, entonces estoy viendo
y escuchando a la filarmónica de Oslo, no conozco Oslo, pero tengo toda la
cultura en la comodidad de mi sala, sin novio, sin acompañante incomodo que me
diga que es aburrido o que no es lo suficientemente grandioso.
Tengo 36 años, pude hacer más, sin duda pude haber hecho
más, tener mi título, una maestría, un doctorado, pero sabes…. Esta vez siento compasión
por mí, siempre me queje del nada es suficiente, si saque un 8, porque no un 9,
si tuve el 10 porque no soy delgada, si estoy delgada, porque no bailo ballet,
siempre un paso más, siempre hacer algo más, nada es suficiente, y eso es parte
de la belleza de la vida, siempre hay algo que aprender, algo que hacer mejor,
algo que no sabes, una canción que no conoces, un idioma que no has escuchado
en tu vida. Pero el mundo no es perfecto, las plantas no son simétricas, no todas,
se adaptan al entorno, somos funciones de lo que nos rodea y lo más que podemos hacer es optimizar y maximizar
nuestro rendimiento, pero con amor, sin lastimarnos, siendo flexibles, justo eso
estoy aprendiendo.
Me tomé unos días por que mi cuerpo estaba saturado, ya no
podía despertarme en las mañanas, dormir en las noches, sentía una pesadez en
la espalda y una tensión en la mandíbula que no reconocí hasta ayer que me dieron
el masaje descontracturante.
Soy feliz, no sé si decirlo me hace conformista, mi casa
podría tener vista al bosque y no a la carretera, sin duda, sería una mejora,
podría pesar 20 kg menos y ser esbelta, también sería una mejora, no he tenido
los hijos que soñé, pero al menos no me quede con hombres que me hacían sentir
infeliz, sigo negociando conmigo.
Sabes… en mi día a día no hay reclamos, celos, berrinches,
hay amor, mucho amor.
Mermelada de cabaret, así se llamó el show donde nació Arkansas,
la princesa Arkansas.
No sabía que era tan curativa y dolorosa, la princesa de
casa, la que fue cuidada, amada, ridícula, sonriente, juguetona, líder nata,
llena de amor, de sonrisas, de alegría, la niña que buscaba su espacio, que
buscaba y deseaba el amor de papá, ingenua, no tonta, pero si ingenua, tan
sensible que un rechazo de los niños de la cuadra hacía que se quedara en casa,
tan temerosa que no podía decirle a sus amigos que la ayudaran a recoger los
juguetes porque si no ya no la iban a querer, tan vulnerable que dejo que le
robaran juguetes y le mintió a sus padres sobre eso para que no la regañaran
por no saber poner límites, porque en el interior, muy en el interior, era insuficiente,
era demasiado débil para jugar juegos bruscos, no era tan lista como debía
serlo, por Dios, ningún niño de 6 años sabe más que uno de 14, ese era mi parámetro, mis padres, mis
hermanos con 8 y 9 años más, no era una carrera donde pudiera competir.
Y en todo eso de no ser, olvide que, si era, bonita,
inteligente, perspicaz, divertida, alegre, sonriente, tierna, juguetona, traviesa.
Arkansas saco eso, es ridiculez y sabes… la amaron, amaron ese monstruo que creía
incapaz de existir, pude sentarme en una sala con muchas mujeres que son mejor
que yo, que saben más que yo y aprender, con miedo, con dolor, con llanto, con
esos abrazos que no me dieron nunca, con esa compasión que ni yo misma sentí
por mí, mirándome al espejo y dándome cuenta que me odio, odiaba cada milímetro
de mi piel por no ser suficiente para ser amada, para merecer un lugar en el
mundo, para poder existir sin vergüenza, y Caro, mi compañera me abrazó.
Cuando las vi a todas jugar, ser libres, y darme cuenta de que yo
no era capaz de tocarlas porque en mi cabeza mi contacto es repulsivo, soy un
ser asqueroso y ver que no pasaba nada, que en realidad inspiro respeto y admiración,
que muchas personas me admiran, me toman como ejemplo, y en mi cabeza solo
buscaba no estorbar.
Poder compartir el día Pi, si, con vergüenza por ser ñoña,
pero desde el corazón, desde un sticker que muchas llevan en el celular,
comiendo galletas caseras y existiendo, solo eso, existiendo.
Darme cuenta que todas tenemos discursos parecidos, “nada es
suficiente”, todas hablamos desde el dolor de no poder existir, la que es
esposa que dejo de amar al marido, la que es hija pero baila twerking, la que tiene
TLP y siempre siente que el mundo se va a acabar, todas a nuestro modo matamos
a los monstruos de nuestra cabeza, aprendí que hay cosas que si tengo, que si
trabajé; no estoy atrapada en una relación que odio, tengo clara mi sexualidad,
tengo un trabajo estable que me brinda seguridad, soy independiente, esas cosas
que ya daba por hecho, en realidad son regalos de la vida y fruto de un arduo trabajo.
Por eso digo, uno sigue aprendiendo, algún día me vere en el
espejo y no odiare mi estomago que no es plano, pero hoy…. Hoy quiero agradecer
y disfrutar del momento.
Aprender a recibir, que Ale mi compañera me maquillara, que
me prestara se sus brillitos y me dijera con el corazón “eres muy bonita, si
pareces barbie”, ¿yo? La más fea de la familia, yo soy bonita, y no solo
bonita, muy bonita, fue un abrazo para el corazón, para el miedo, para la inseguridad
de no debí de existir; esa paradoja de nadie quiere que este viva, pero tampoco
me puedo morir por que creen que es un fracaso en sus vidas, entonces para no lastimar
dejo que me lastimen.
Tener en mi casa flores, flores hermosas, recibir amor,
cumplidos, trabajar en creer que mi personaje fue bueno, que mi actuación fue
buena, que no doy vergüenza, que merezco estar viva.
Detesto citar a Viyik, pero quizá esto es el fin de una
temporada en mi vida e inicia otra, otros temas en la oficina, más seguridad en
mí misma, más amor y compasión, más libertad.
Pero por hoy, hoy me abrazo, hoy me cuido y hoy puedo decir en voz alta
“buen trabajo, lo hiciste increíble”, tengo identificadas las áreas de mejora,
pero hoy… hoy no es el momento para trabajarlas, es el momento de celebrarme y
reconocerme.