martes, 31 de marzo de 2026

Mermelada de cabaret

Un martes de semana santa, sentada en la sala de mi casa (departamento), con 2 ramos de flores enormes y coloridos en el comedor y en la sala, dos ramos que no vienen de ningún pretendiente o novio, sino de mis amigos, mi familia, la tribu que construí sin saber cómo.

Con la tele que soñé comprarme hace 9 años, una que se convierte en cuadro cuando esta apagada y me permite tener en mi sala toda una galería de arte sin tener que gastar tanto, sin decidir cuál es mi obra favorita y poder seguir aprendiendo de arte.

Y lo mejor, gracias a la pandemia las filarmónicas del mundo tienen conciertos grabados que se transmitieron en vivo, entonces estoy viendo y escuchando a la filarmónica de Oslo, no conozco Oslo, pero tengo toda la cultura en la comodidad de mi sala, sin novio, sin acompañante incomodo que me diga que es aburrido o que no es lo suficientemente grandioso.

Tengo 36 años, pude hacer más, sin duda pude haber hecho más, tener mi título, una maestría, un doctorado, pero sabes…. Esta vez siento compasión por mí, siempre me queje del nada es suficiente, si saque un 8, porque no un 9, si tuve el 10 porque no soy delgada, si estoy delgada, porque no bailo ballet, siempre un paso más, siempre hacer algo más, nada es suficiente, y eso es parte de la belleza de la vida, siempre hay algo que aprender, algo que hacer mejor, algo que no sabes, una canción que no conoces, un idioma que no has escuchado en tu vida. Pero el mundo no es perfecto, las plantas no son simétricas, no todas, se adaptan al entorno, somos funciones de lo que nos rodea y lo más que podemos hacer es optimizar y maximizar nuestro rendimiento, pero con amor, sin lastimarnos, siendo flexibles, justo eso estoy aprendiendo.

Me tomé unos días por que mi cuerpo estaba saturado, ya no podía despertarme en las mañanas, dormir en las noches, sentía una pesadez en la espalda y una tensión en la mandíbula que no reconocí hasta ayer que me dieron el masaje descontracturante.

Soy feliz, no sé si decirlo me hace conformista, mi casa podría tener vista al bosque y no a la carretera, sin duda, sería una mejora, podría pesar 20 kg menos y ser esbelta, también sería una mejora, no he tenido los hijos que soñé, pero al menos no me quede con hombres que me hacían sentir infeliz, sigo negociando conmigo.

Sabes… en mi día a día no hay reclamos, celos, berrinches, hay amor, mucho amor.

Mermelada de cabaret, así se llamó el show donde nació Arkansas, la princesa Arkansas.

No sabía que era tan curativa y dolorosa, la princesa de casa, la que fue cuidada, amada, ridícula, sonriente, juguetona, líder nata, llena de amor, de sonrisas, de alegría, la niña que buscaba su espacio, que buscaba y deseaba el amor de papá, ingenua, no tonta, pero si ingenua, tan sensible que un rechazo de los niños de la cuadra hacía que se quedara en casa, tan temerosa que no podía decirle a sus amigos que la ayudaran a recoger los juguetes porque si no ya no la iban a querer, tan vulnerable que dejo que le robaran juguetes y le mintió a sus padres sobre eso para que no la regañaran por no saber poner límites, porque en el interior, muy en el interior, era insuficiente, era demasiado débil para jugar juegos bruscos, no era tan lista como debía serlo, por Dios, ningún niño de 6 años sabe más que uno de 14,  ese era mi parámetro, mis padres, mis hermanos con 8 y 9 años más, no era una carrera donde pudiera competir.

Y en todo eso de no ser, olvide que, si era, bonita, inteligente, perspicaz, divertida, alegre, sonriente, tierna, juguetona, traviesa. Arkansas saco eso, es ridiculez y sabes… la amaron, amaron ese monstruo que creía incapaz de existir, pude sentarme en una sala con muchas mujeres que son mejor que yo, que saben más que yo y aprender, con miedo, con dolor, con llanto, con esos abrazos que no me dieron nunca, con esa compasión que ni yo misma sentí por mí, mirándome al espejo y dándome cuenta que me odio, odiaba cada milímetro de mi piel por no ser suficiente para ser amada, para merecer un lugar en el mundo, para poder existir sin vergüenza, y Caro, mi compañera me abrazó.

Cuando las vi a todas jugar, ser libres, y darme cuenta de que yo no era capaz de tocarlas porque en mi cabeza mi contacto es repulsivo, soy un ser asqueroso y ver que no pasaba nada, que en realidad inspiro respeto y admiración, que muchas personas me admiran, me toman como ejemplo, y en mi cabeza solo buscaba no estorbar.

Poder compartir el día Pi, si, con vergüenza por ser ñoña, pero desde el corazón, desde un sticker que muchas llevan en el celular, comiendo galletas caseras y existiendo, solo eso, existiendo.

Darme cuenta que todas tenemos discursos parecidos, “nada es suficiente”, todas hablamos desde el dolor de no poder existir, la que es esposa que dejo de amar al marido, la que es hija pero baila twerking, la que tiene TLP y siempre siente que el mundo se va a acabar, todas a nuestro modo matamos a los monstruos de nuestra cabeza, aprendí que hay cosas que si tengo, que si trabajé; no estoy atrapada en una relación que odio, tengo clara mi sexualidad, tengo un trabajo estable que me brinda seguridad, soy independiente, esas cosas que ya daba por hecho, en realidad son regalos de la vida y fruto de un arduo trabajo.

Por eso digo, uno sigue aprendiendo, algún día me vere en el espejo y no odiare mi estomago que no es plano, pero hoy…. Hoy quiero agradecer y disfrutar del momento.

Aprender a recibir, que Ale mi compañera me maquillara, que me prestara se sus brillitos y me dijera con el corazón “eres muy bonita, si pareces barbie”, ¿yo? La más fea de la familia, yo soy bonita, y no solo bonita, muy bonita, fue un abrazo para el corazón, para el miedo, para la inseguridad de no debí de existir; esa paradoja de nadie quiere que este viva, pero tampoco me puedo morir por que creen que es un fracaso en sus vidas, entonces para no lastimar dejo que me lastimen.

Tener en mi casa flores, flores hermosas, recibir amor, cumplidos, trabajar en creer que mi personaje fue bueno, que mi actuación fue buena, que no doy vergüenza, que merezco estar viva.

Detesto citar a Viyik, pero quizá esto es el fin de una temporada en mi vida e inicia otra, otros temas en la oficina, más seguridad en mí misma, más amor y compasión, más libertad.

Pero por hoy, hoy me abrazo, hoy me cuido y hoy puedo decir en voz alta “buen trabajo, lo hiciste increíble”, tengo identificadas las áreas de mejora, pero hoy… hoy no es el momento para trabajarlas, es el momento de celebrarme y reconocerme.