“Solo déjate llevar” Dijo esa muchacha inocente mientras desabotonaba su blusa de colegiala, iba descubriendo lentamente su pecho apenas formado, ante ese hombre de edad media que miraba perplejo la escena de una chica tan hermosa que pedía a gritos que la tomara en sus brazos aunque solo fuera por esa noche, que le entregaba en pago su cuerpo por un poco de afecto.
La había encontrado en un bar de mala muerte rodeada de señores que la buscaban como lobos ante un pedazo de carne, aun llevaba el uniforme de la escuela publica de la zona, conocía algo de su familia, en realidad nada que poder contar de ellos, la misma miseria que se respiraba en la zona, los tres hermanos menores que le quedaron a su cuidado después de la extraña desaparición de su padre, meses después apareció en los diarios como prometido de una chica vulgar y mucho mas joven que él, su madre entregada a la desesperación olvido todo lo que la rodeaba y se quedo en un cuarto con el televisor encendido, la puerta cerrada y una caja de somníferos en el buro.
Estaba algo mas sonriente de lo habitual, alguna vez me la encontré en la estación esperando el transporte, con esa sonrisa ingenua de las niñas de su edad, la pequeña falda tableada azul, la camisa blanca de manga corta y los zapatos negros del mercado, siempre alegre, sin embargo esta sonrisa era especial, no era la de la niña de la estación, no era la mirada ingenua, eran unos ojos cristalinos, una sonrisa exagerada y su mirada perdida, como si no entendiera aun donde estaba, la pregunta es como había llegado a ese lugar, como era posible que esa pequeña niña estuviera ahí y no se diera cuenta lo que podría pasar.
Hacia algunos años cuando aun era un muchacho me metí en ciertos líos, su madre que ahora no es ni la mitad de lo que fue, me ayudo con algo de dinero, le debía algo, poco quizás, pero era algo que valoraba, nadie había dado ni un centavo por mi excepto ella, nunca le di las gracias, no era mi manera de ser, solo lo tome, hoy era el día de saldar mi deuda.
La fui convenciendo lentamente hasta sacarla de ahí, lo demás hombres me gritaron, le había quitado la diversión de esta noche, nunca iba una chica como ella a ese lugar, ese sitio estaba reservados para la escoria, entre ellos yo.
Estaba ebria y drogada, era fácil saberlo, no por nada había gastado un año de mi vida encerrado en un hospital, cuando la tome me abrazo, me miro a los ojos no supe por que y comenzó a llorar, con desesperación, como niña pequeña, trato de decirme algo que no comprendí, solo la abrace y la lleve al cuarto donde vivía, es algo modesto, y tirado como de costumbre, pero no había otro lugar a donde llevarla, no podría irla a entregar a su casa así.
No dejo de sollozar en el trayecto y con dificultad pudo subir las escaleras, cuando entramos a mi cuarto se desvaneció, la coloque como si fuera una muñeca de trapo en el colchón que era mi cama. No durmió mas de una hora cuando se despertó aun seguía ebria, había puesto a calentar agua y le di un café, esperaba que eso sirviera de algo, a mi nunca me hizo nada pero ella era primeriza. Tardo en sentarse y me miro con cierta pena y siguió llorando, no entendí por que, solo la abrace, se me quedo mirando con sus ojos cubiertos de lágrimas y me trato de besar, no la deje, tapo su rostro en mi pecho y no volvió a levantar la cara.
Acaricie su cabeza y sin pensarlo siquiera le acaricie una mejilla y le di un suave beso en los labios, mientras sus ojos lloraban respondió a mi beso y me abrazó con ternura.
No se que miraba en ella, no se si estaba degustando el sabor de la libertad, de olvidar quien era por un momento y saber que merecía algo de la vida, no se si era mi juguete, el objeto de mi ego que se presentaba en tan maravillosa ocasión, o era la figura femenina que jamás había visto; no puedo contar como mujer a aquellas señoras que me venden su coito por unas cuantas monedas. Pero como sea, ahí estaba yo, ahí estaba ella.
Sentí su diminuto cuerpo en mi regazo, y algo se movía, algo era distinto y me reconfortaba, quise tocarla, levante mi mano y me quede a unos centímetros de su piel, no era calentura, no era pasión lo que me movía, aunque la deseaba, aunque era hermosa.
Por primera vez en muchos años me quede sin palabras, me quede sin motivos y solo sentía, deje que ella fuera quien manejara el momento, era su momento, ella era la que huía de su realidad, yo ya la había aceptado, quizá si ella encontraba la salida adecuada de su realidad yo encontraría la mía, daba lastima pensar que mi destino dependía de la decisión de una colegiala adolescente, pero era verdad.
Yo seguía perdido en mi cabeza, cuando ella levanto la vista y me volvió a mirar, y dijo algo al fin.
- Perdóneme señor, no quise importunarlo, solo, solo, solo no se donde estoy –estaba inquieta ya, se alejo de mi y no me dejo abrazarla, no me dejo protegerla.
- No te preocupes niña, todo esta bien, no es una molestia – se cubrió el rostro con las manos temiendo lo peor y con calma le descubrí el rostro, le levante la cara y mirándola a los ojos le dije.
-No hay nada que lamentar, te lo aseguro, solo ten calma – las lagrimas resbalaron como los niños en el parque cuando juegan
- ¿Qué estoy haciendo? – se repetía y no dejaba de llorar, en ese momento ya no supe que decir, y esperaba a que hiciera, o dijera algo que me diera una pista, que me dijera que esperaba ella de mi
– Lo amo, esa es la verdad, lo amo – y entendí todo, y entendí que hacia ella en ese lugar, comprendí que debía hacer.
- Yo también te amaré mi niña.
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