miércoles, 9 de marzo de 2016

Mucho tiempo

Hace bastante tiempo que no escribo, no lo hago ni para mí. Hace mucho tiempo leí que el único lugar donde no existe la moral es en nuestras cabezas, desgraciadamente siempre lo plasmo en algún lugar con letras, y ahí fue donde hace un año encontré mi perdición. ¿Qué es amar? ¿Cómo se siente amar? Yo debería de saberlo, todos deberían de saberlo, amar a tu familia, amar tu trabajo, a tu pareja, a ti mismo por encima de todas las cosas. Amar, Ortga y Gasete dice que es un acto continúo, hace mucho tiempo yo lo entendía o intentaba entenderlo como una función continua, donde uno ama siempre, en todo momento, es una actividad, es estar en la lejanía y desear que esa persona, objeto, ideal, sea adecuado, bueno, pleno, con nosotros o sin nosotros. Es tan difícil hablar de amor, por mí, por los demás. Dicen que soy una persona que da amor, me preocupo por las demás personas, las procuro, intento hacerlas sentir especiales, únicas, maravillosas, así los entiendo. Regularmente no me cuesta trabajo, no me quito mucho para darlo, hasta hace poco. Hace poco, hace año y medio decidí que era tiempo de formar una pareja, encontré un hombre maravilloso que me llenaba en muchos aspectos, no en todos si he de ser honesta, nadie lo podría hacer, porque cambio cada día, esa persona cambia, pero eramos una gran pareja. Él necesitaba amor. Él necesitaba amor, a ella le sobraba amor. Él necesitaba que alguien velará por su sueños, ella no tenía sueños, pero deseaba construir sueños de verdad. Ella necesitaba amor, pero no era capaz de aceptarlo, él no sabía amar. Santiago la conoció en una borrachera, la niña controladora del piso, una muchacha bonita que no sabía que era bonita, que necesitaba demostrar que valía la pena su vida, no luchaba por ella, luchaba por merecer cada bocanada de oxigeno. Santiago no era muy diferente, pero detrás de su severo gesto, de su violencia diaria, estaba un Santiago diferente, un Santiago vacío que necesitaba llenar ese vacío, un Santiago que deseaba con todas sus fuerzas un milagro. Si ellos hubieran visto en realidad lo que escondían, habrían sabido que eran el uno para el otro, un hombre necesitando un motivo para vivir y una mujer que inventaba motivos para vivir, en otras palabras, ella era una costurera de ilusiones que construía todos los días, él no se conformaba con una ilusión para el resto de su vida, necesitaba una costurera para que le hiciera una ilusión diaria, para que la ajustara cuando le quedará chica, o cuando le quedará grande, que la hiciera de muchos colores, o de colores neutros de acuerdo al día, simplemente, quería saber que nunca se quedaría sin un motivo y de ese modo, él sería inmortal. Pero hay un detalle, ella cosía ilusiones porque no tenía una propia, todos los días hacia un traje nuevo y no le gustaba, a veces se quedaba unos meses, algunos días, a veces se quedaba sin material y reciclaba parte de los trajes viejos, una manga del sueño de escribir, la otra manga del sueño de ser profesional, los botones de la belleza que creía que no tenía, y el resto una armadura que la hiciera sentir segura, aunque sólo fuera por una tarde. Ella no era plenamente feliz, era feliz a momentos, mientras cosía, cuando diseñaba nuevos sueños y se los regalaba al vagabundo que pasaba, cuando conseguía que alguien usará uno de sus trajes, pero no todo el tiempo, no cuando el cliente le gritaba que no era suficiente, no cuando todos se marchaban, veía que tenía demasiados trajes y ninguno le quedaba. Si él hubiera visto ese desastre nunca se hubiera enamorado de ella o tal vez si, pero no le habría pedido que se quedara siempre con el mismo vestido. Y es que ese era el problema, Santiago necesitaba aventuras pero le tenía miedo a ellas, esa noche, Santiago la besó y ella le respondió, los dos culparon al alcohol

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